Rodrigo Alonso Cuesta nació en Burgos, en 1982. Desde bien tierno, ya miraba para aprehender su realidad más próxima. Sus experiencias estéticas de la infancia estaban germinando en el mundo de la construcción creativa. Se desarrollaba con tareas y juegos que implicaban construir y crear.

Tiene un dibujo, de niño, en el que se percibe su potencial artístico. Con ese dibujo no sólo se distingue la capacidad de visualizar el patio de su colegio en una vista cenital (detalle que manifiesta una visión espacial avanzada); además ,registró la impresión cromática del patio con el color rojo que le llamó la atención. Pero debió ser tan trascendente que lo subraya con el texto siguiente: “Mi patio es de color rojo”. Quizás aquí esté el origen de la vinculación tan extrema que ahora mismo tiene con el color.

Crece y no para de dibujar ensimismado. Vistas sus dotes, con doce años ingresa en el “Consulado del Mar”, que es la Academia Provincial de Dibujo de Burgos. A lo largo de estos años, las horas trascurren agarradas a un lápiz bajo la directriz de Carlos Sáez. Se suceden láminas en blanco y negro de grafito. El claroscuro se convierte en su dominio. En los últimos cursos, asciende al aula del natural. Los formatos se amplían y aprende a encajar de motivos reales. Estos años de estudio le abren las puertas a la Facultad de Bellas Artes de Salamanca, tras superar el examen de ingreso.

En esta etapa de adolescencia, no solo se aplica en el dibujo, también se atreve con la cámara réflex analógica de su padre. Y el ojo va aprendiendo a disparar la realidad.

Además, su crecimiento se debatía en la manera de ser auténtico e indagar en su identidad provocadora y sensible.

Ya en la facultad de Bellas Artes, su progreso creativo era un magma que se multiplicaba y a la vez adquiría cimientos sólidos al formarse con un estudio clásico. Durante su iniciación, estudia disciplinas de dibujo, pintura, volumen y fotografía; es ahí donde aprende a encajar, a valorar la luz, a componer, a manejar el color, a estudiar la realidad a través de la observación del natural.

Su etapa profesional como pintor, se inicia al acabar los estudios de Bellas Artes. Ya ha realizado alguna exposición individual por las que es aplaudido por el público y la crítica. Aquí se adivina ya un estilo con sello, pero que deberá madurar en su progresión. Y lo hará.

También comienza su labor docente a la par que la pictórica. Considera la educación artística como un ejercicio enriquecedor, ya que hay que verbalizar y explicar lo que es de origen visual y plástico. Trabaja como profesor en diferentes Institutos de Burgos, pasa por Madrid, la Universidad de Burgos, Villarcayo en la provincia de Burgos y desemboca en Cantavieja de Teruel.

Su afán por complementar su formación en el mundo narrativo de la imagen, le lleva a licenciarse en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos, año 2013, pero lo considera como un complemento. Porque por encima de todo se proclama pintor. Y su manera de hablar será la pintura. Esa siempre fue su voz.

En sucesivos veranos asiste a talleres y cursos con pintores de prestigio como Eduardo Sanz, un pintor enamorado del mar y sin complejos en cuanto a debates sobre la validez de pintar abstracto o figurativo; Jose María Mezquita, con un método casi de ingeniero para medir la realidad y trasladarla a la pintura; Juan Genovés, que le provoca para reclamar un discurso propio como artista; y Antonio López, de ingenio avispado, clarividente en sus argumentos y humilde dentro de su grandeza.

Ha llegado al momento en que el “estilo” se proclama guiado por sus pulsiones emocionales, instruido por todos estos lugares. Su gusto ha pasado por escuelas formales y, sobre todo, se mueve por el desfiladero que educa y guía el propio oficio.

En palabras del propio autor: “soy el canal que a través de la pintura manifiesta humilde y honestamente mi verdad. Intento generar un discurso que conmueva a través de mis narraciones pictóricas”.