Cuaderno «Volando voy»

Este pequeño cuaderno, lo empecé en un viaje de Tenerife a Madrid en avión. Por eso el título.

Es un de un tamaño apaisado que entra justo en mi riñonera.

Os enseño un dibujo de una chica leyendo en el metro madrileño.

Otro desde la vista de la bodega de mi abuelo Ulpiano, en mi pueblo: Villasandino. Unos fardos en primer término, la iglesia del Carmen y molinos de viento a lo lejos, para documentar la realidad sin ser bucólicos ni atemporales.

Y por último un apunte de La Iguana (Uno de mis bares preferidos burgaleses).

De vuelta con el cuaderno

En septiembre asistí al curso «De vuelta con el cuaderno» en Jaca que  fue muy productivo,  además el ambiente que se respiraba era muy positivo y la calidad humana fue reveladora.

En el descanso de la primera ponencia, retraté a un paisano almorzando.

Almuerzo

Por la tarde fui a dibujar al rio, con Enrique Flores y Antonia Santolaya, el azul del agua contrastaba con el blanco de la piedra se me quedó grabado, no lo dibujé porque creo que me resultaría muy difícil representar con fidelidad aquello.  Me incliné por dibujar un contrapicado del puente, una construcción que crecía hacia arriba. La característica de este cuaderno, en acordeón que manufacturó a propósito para el curso Choni, te permitía seguir dibujando en la página siguiente. El dibujo podía continuar. Los problemas que a veces ocurren de encajado aquí se solucionaban abriendo otra página.

En el rio

Antonia decía que a veces llegamos al lugar y nos ponemos a dibujar sin mirar primero. Me aplico la lección.

Justo desde la otra cara del puente y al acabar la tarde cuando el sol ya se ponía, ahora en esta posibilidad de prolongación del dibujo, si antes tomabamos cuenta de la verticalidad aquí podemos darnos cuenta de la horizontalidad del puente bajomedieval.

En el rio 2

Al día siguiente fuimos a dibujar la Peña Oroel y la pista de hielo, con Gabi Campanario y Eduardo Salavisa.

Peña Oroel

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=PnghDqpxeUo]

El último día estuve resguardado de la lluvia en el pórtico de la Catedral, con Lapin y Simo Capecchi. Luego el día se alegró, salió el sol y nos juntamos allí todos.

Desde la catedral

Barca de madera en Tavira

Barca de madera en Tavira

Playa de la isla de Tavira. Algarve. Portugal.

Hice unas líneas a lápiz apenas legibles de las nubes y el horizonte.

En la playa de la isla de Tavira hacía frío y en medio del mar solo había anclada una barca. Que era el foco de atención que me interesaba describir bien. Sus colores: amarillo y azul; eran bastante saturados por eso utilicé los lapiceros de colores acuarelables que guardaba en mi mochila.

Sin pensar mucho, como el que ya ha aprendido andar en bicicleta y simplemente pedalea sin perder el equilibrio, mezclé con mis acuarelas un gris. El pincel libaba del azul, verde y algún rojo para quebrar el color. Lo apliqué al mar, una transparencia tan sutil que el escáner apenas lo ha podido distinguir.

Ahí estaba el fondo de mi dibujo con ganas de evaporarse. Frente a la figura, atrapada en el agua que temblaba a punto de arrancarse a llorar. Y por si acaso el bote tuviera la tentación de darse a la fuga, ya en el albergue, repasé su contorno con rotulador negro.

Me despedí de mi motivo tirándole una foto. Cuando la descargué en el ordenador vi que había salido movida. Así no era el momento que yo recordaba y el documento fotográfico en esta ocasión, fracasó.

Coreto de Faro

Coreto de Faro

Faro. Algarve. Portugal.

El “Coreto de Faro” me costó dibujarlo. Empecé un dibujo con rotulador demasiado rápido. Y mal encajado, no entraba en el papel.

-Para, reflexiona y no seas alocado. Pensé.

Tome consciencia del problema.  Y empecé otro de nuevo.

-No tengo que dejarme llevar por el simple ímpetu de dibujar. Cogí el lápiz, quizás por la confianza que en cualquier momento fallido se puede borrar.  Pero no lo hice. Analicé el motivo. Aquello requería concentración.

La construcción tiene una forma poligonal que resultaba muy difícil adivinar sus puntos de fuga. Acostumbrado a edificios prismáticos con un punto de fuga o dos a lo sumo.

Lo terminé con acuarela. Me gustaba el contraste del rojo contra el blanco.